Promociones


CARPETA Nº 72:

NUEVA DERECHA: IDEAS Y MEDIOS PARA LA CONTRARREVOLUCIÓN

La reelección de Bush como presidente de EE.UU. en los comicios del 2 noviembre de 2004 dejó perpleja a la izquierda del mundo entero (especialmente a la europea), incapaz de entender el éxito de un candidato sobre el que pesaban escándalos de gran envergadura (la quiebra de la empresa Enron, los abusos en la cárcel de Abu Ghraib...) y que había basado algunas de las decisiones más importantes de su mandato anterior en mentiras y manipulaciones demostradas públicamente (existencia de armas de destrucción masiva y de conexiones entre Al Qaeda y el gobierno de Sadam Hussein para justificar la invasión de Irak, etc.). Se trató de dar cuenta de lo sucedido recurriendo a los estereotipos más pobres: “los americanos son tontos, miedosos, agresivos, no leen, no viajan, no sabrían ni señalar dónde está España en un mapa”. American way of life . Por tanto, nada de lo que inquietarse en Europa (a pesar de Haider, Berlusconi-Fini o Le Pen, etc.). La indignación moral y el desprecio contra los votantes de la derecha populista se comen el espacio de un análisis riguroso sobre la potencia de su imaginario y la decadencia imparable de la izquierda para producir deseo y sentido en los tiempos desconcertantes de la globalización.

Porque cuando “todo lo que era sólido se disuelve en el aire”, la derecha populista se mueve como pez en el agua. Sus máquinas de guerra mediáticas y organizativas manipulan como nadie los símbolos de comunidad en una época sin comunidad, codifican todos los conflictos políticos, económicos y sociales como conflictos morales, sintonizan a la perfección con los miedos de una “mayoría silenciosa” profundamente ambivalente, instrumentalizan el imaginario de los valores tradicionales y redirigen cínicamente el “resentimiento de clase” de millones de huérfanos de la globalización contra diversos fantasmas (el peligro inmigrante, homosexual, la élite izquierdista, etc.), supuestamente responsables de la desintegración de un mundo idealizado (patria, identidad, comunidad) que se mira con nostalgia. Se dice que “cuando el dedo señala la luna los idiotas miran el dedo”. Pues bien, el dedo (neo)conservador señala problemas reales que afectan a millones de personas (seguridad en las calles, descomposición de las escuelas, barbarización del vínculo social, precariedad de la vida, violencia generalizada, evaporación de toda cultura del respeto, etc.) y sólo los idiotas se quedan mirando únicamente el dedo (sus propuestas represivas).

Pero, ¿por qué hemos decidido utilizar la expresión “nueva derecha” para referirnos a este fenómeno político? ¿No estamos frente a una simple reedición del fascismo clásico (“neofranquismo” en el caso español)? O bien, ¿no se trata tan sólo de la derecha tradicional de origen liberal-conservador algo más radicalizada con el aire de estos tiempos de guerra global? Y, por otro lado, ¿no existen demasiadas diferencias entre alguien como Le Pen —que se opuso frontalmente a la guerra de Irak y está relacionado con la extrema derecha de tendencias autárquicas— y la explosiva mezcla de inspiraciones bíblicas (pueblo elegido, eje del mal) con estrategias expansionistas que hay detrás de las principales decisiones en política internacional tomadas por la administración Bush?

Desde UNIA arteypensamiento y Archipiélago, que han organizado conjuntamente dos seminarios sobre el tema, proponemos pensar la “nueva derecha” no como un objeto teórico definido y preciso que sólo falte describir, sino como una X, una incógnita, una intuición, una interrogación que se trata en primer lugar de elucidar1. ¿Existen vínculos y rasgos afines entre los distintos fenómenos de populismo derechista a lo largo y ancho del planeta (desde el Partido Republicano a Le Pen pasando por Berlusconi)? ¿Son estos fenómenos indicios de un mismo impulso? ¿Se trata de un impulso nuevo? El objetivo de este número de Archipiélago es ofrecer algunas claves analíticas para tratar de entender esa X y no limitarse a la indignación moral y a la condena política, tan bienintencionadas como inútiles. Nos interesa tratar de comprender las causas de esta expansión neoconservadora, qué mecanismos de seducción pone en juego, sobre qué imaginarios se asienta, cómo se relaciona con la experiencia fragmentada de lo social y de lo laboral dominante en el mundo contemporáneo.

¿Por qué “contrarrevolución”? ¿Acaso se parece la nueva derecha populista a los viejos contrarrevolucionarios como De Bonald o De Maistre? En cierta forma, no. Por ejemplo, los neoconservadores estadounidenses tienen un proyecto imperial de gobierno del globo y un proyecto de remodelación social encaminado hacia lo que Bush llama ownership society (sociedad de propietarios). Es decir: para ellos no se trata simplemente de “mantener la casa bien ordenada”, sino de dirigir el mundo entero. No se trata tan sólo de conservar la tradición, sino de fundar un nuevo lazo social y de fabricar un nuevo tipo de ciudadano: el individuo propietario desvinculado de cualquier trama social de obligaciones, responsabilidades y cuidados. La derecha populista tiene utopías .

Pero en cierta medida, sí. La nueva derecha pretende liquidar radicalmente todas las realizaciones que aún permanecen operativas del gran proyecto revolucionario de autonomía e igualdad surgido de la Revolución Francesa y consolidado más tarde gracias a las luchas de los movimientos sociales (en un primer momento, el movimiento obrero): derechos civiles, sociales y políticos, instancias de autogobierno, cultura democrática, instituciones de cuidado. Paradójicamente, la derecha populista no hace otra cosa que intentar eliminar brutalmente aquello que la izquierda oficial empezó a desmontar ya hace mucho tiempo con algo más de discreción, cuando decidió que habían llegado los tiempos “postpolíticos” de la mera administración de los efectos de la globalización neoliberal, concebida como fatalidad inapelable.

Cuando la izquierda ya no tiene arraigo social, ni está inmiscuida en luchas sociales por conquistar y ampliar derechos, cuando copia su programa de acción a la derecha o se vuelve retórica, cínica, autista, biempensante, elitista, pija, burocrática o simplemente gestora, la derecha populista ocupa con fuerza el vacío de lo político. Por tanto, este número de Archipiélago también constituye una llamada a reinventar ese proyecto de autonomía social e igualdad efectiva, pero quizá ya a partir de un punto de curiosa coincidencia con la nueva derecha: la inoperatividad irreversible del eje izquierda/derecha.

* Esta Carpeta ha sido elaborada por Archipiélago en colaboración con la Universidad Internacional de Andalucía.

NOTAS

1. Los contenidos de los dos seminarios sobre la emergencia de la “nueva derecha” se pueden consultar en http://www.unia.es/artpen/index.htm

 

A PROPÓSITO:

¿NUEVOS REACCIONARIOS?

¿Existe una reacción intelectual que acompaña a la emergencia de la nueva derecha, empotrada en sus máquinas de guerra mediáticas? Parece que sí. Se trata de una corriente heterogénea y discordante pero más o menos agrupada en torno a algunas ideas-fuerza comunes (y a un pasado en la extrema izquierda que quizá sea algo más que anecdótico): el significado del 11 de septiembre, el complejo de culpa occidental, la quintacolumna islamista venida con la inmigración, la particularísima identificación con la Shoah e Israel, Mayo del 68 como fuente de todos los males, la equivalencia entre subversión y terror, la decadencia inevitable de una democracia sin trascendencia, la necesidad de “restaurar” un cuerpo social jerarquizado y bien ordenado, etc. Relatos, imágenes y discursos que cumplen una tarea absolutamente esencial para la “nueva derecha”: trocar la percepción de fragilidad e incertidumbre característica de la globalización en pánico social y paranoia securitaria, traducir los conflictos políticos, sociales y económicos como conflictos culturales, étnicos y religiosos entre esencias inmutables (“conflicto de civilizaciones”), producir y señalar enemigos y amenazas contra las que sólo caben las medidas de excepción, neutralizar lo político que acontece cuando cuestionamos colectivamente la naturalidad de la guerra total y abrimos espacios públicos para tejer lazos comunes.

 

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